Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Así, pues, el monopolio moderno, el monopolio burgués, es el monopolio sintético, la negación de la negación, la unidad de los contrarios. Es el monopolio en estado puro, normal, racional. El señor Proudhon entra en contradicción con su propia filosofía al concebir el monopolio burgués como el monopolio en estado tosco, simplista, contradictorio, espasmódico. El señor Rossi, al que el señor Proudhon cita reiteradamente a propósito del monopolio, ha comprendido mejor, por lo visto, el carácter sintético del monopolio burgués. En su Curso de Economía política establece la distinción entre monopolios artificiales y monopolios naturales. Los monopolios feudales, dice, son artificiales, es decir, arbitrarios; los monopolios burgueses son naturales, es decir, racionales.
El monopolio es una buena cosa, razona el señor Proudhon, porque es una categoría económica, una emanación «de la razón impersonal de la humanidad». La competencia es también una buena cosa, porque a su vez es una categoría económica. Pero lo que no es bueno es la realidad del monopolio y la realidad de la competencia. Y lo peor es que la competencia y el monopolio se devoran mutuamente. ¿Qué hacer? Buscar la síntesis de estas dos ideas eternas, arrancarla del seno de Dios, donde está depositada desde tiempos inmemoriales.