Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia El señor Proudhon ha comprendido tan poca cosa en el problema de la división del trabajo, que ni siquiera habla de la separación de la ciudad y del campo, que en Alemania, por ejemplo, se operó del siglo IX al XII. Así, pues, esta separación debe ser ley eterna para el señor Proudhon, ya que no conoce ni su origen ni su desarrollo. En todo su libro habla como si esta creación de un modo de producción determinado debiera existir hasta la consumación de los siglos. Todo lo que el señor Proudhon dice respecto de la división del trabajo es tan solo un resumen, por cierto muy superficial, muy incompleto, de lo afirmado antes por Adam Smith y otros mil autores.
La segunda evolución de la razón eterna son las máquinas. Para el señor Proudhon la conexión entre la división del trabajo y las máquinas es enteramente mística. Cada una de las formas de división del trabajo tiene sus instrumentos de producción específicos. De mediados del siglo XVII a mediados del siglo XVIII, por ejemplo, los hombres no lo hacían todo a mano. Poseían instrumentos, e instrumentos muy complicados, como telares, buques, palancas, etc., etc.
Así, pues, nada más ridículo que derivar las máquinas de la división del trabajo en general.