Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Para salir del estado de cosas en que cada uno produce aislado de los demás, y para llegar al cambio, «recurro», dice el señor Proudhon, «a mis colaboradores en funciones diversas». Así, pues, yo tengo colaboradores, encargados de funciones diversas, sin que por eso yo y todos los demás, siempre según la suposición del señor Proudhon, dejemos de ser Robinsones aislados y desligados de la sociedad. Los colaboradores y las funciones diversas, la división del trabajo y el cambio que ella implica, surgen como caídos del cielo.
Resumamos: yo tengo necesidades fundadas en la división del trabajo y en el intercambio. Suponiendo estas necesidades, el señor Proudhon supone el intercambio y el valor de cambio, cuyo «origen» se propone precisamente «esclarecer con más esmero que los demás economistas».
El señor Proudhon habría podido con el mismo derecho invertir el orden de las cosas, sin trastocar con ello la exactitud de sus conclusiones. Para explicar el valor de cambio, hace falta el intercambio. Para explicar el intercambio hace falta la división del trabajo. Para explicar la división del trabajo hacen falta necesidades que requieran la división del trabajo. Para explicar estas necesidades, es menester «suponerlas», lo que no significa negarlas, contrariamente al primer axioma del prólogo del señor Proudhon: «Suponer a Dios, es negarlo» (Prólogo, pág. 1).