Amorosa
Amorosa -Vuelve a tu casa y sufre con resignación hasta encontrar un pretexto para separarte con todos los honores.
-¿No es algo cobarde tu consejo?
-Es prudente. No puedes arrojar por la ventana tu honra y las atenciones que debes a tu familia. ¡Qué dirán de ti si renuncias a todo en un momento de locura!
Irene se levantó excitada, violenta:
-No puedo más. Todo acabó.¡Se acabó, se acabó y se acabó!
Luego, apoyando ambas manos en el pecho de su amante, lo miró a los ojos.
-¿Me quieres?
-Mucho.
-¿De veras?
-¡Tan de veras!
-Pues bien; viviremos juntos en tu casa.
Randal exclamó asombrado:
-¿En mi casa? ¿Conmigo? ¿Te has vuelto loca? ¿Comprometerte, deshonrarte para toda la vida?
Ella repuso lentamente, con seriedad, midiendo las palabras:
-Oye, Jacobo. Me ha prohibido que te vea. Yo no soy mujer de las que mienten y engañan. Si vuelvo a mi casa, no volveré más a la tuya. Elige.
-Si te divorciases, nos casaríamos.