Pedro y Juan
Pedro y Juan Aquel sueño bañado de Champagne y de Chartreuse le tranquilizó sin duda, porque despertó en disposiciones de ánimo mucho más benévolas. Mientras se vestía, apreciaba, pensaba y resumía sus emociones de la víspera, tratando de precisar con claridad las causas reales, secretas, las causas personales y las exteriores.
Podía suceder, en efecto, que la criada de la cervecería, al saber que uno solo de los hijos de Roland heredaba de un extraño, hubiese tenido un mal pensamiento, un verdadero pensamiento de prostituta; pero esas criaturas siempre sospechan lo mismo de las mujeres honradas, sin el menor motivo. ¿No se les oye siempre que hablan injuriar, calumniar, difamar a todas las que creen irreprochables? Siempre que se nombra delante de ellas una persona impecable se irritan como si se las ultrajase, y exclaman: «Si ya sé yo lo que son las mujeres casadas. Tienen más amantes que nosotras, pero lo ocultan porque son más hipócritas».