Pedro y Juan
Pedro y Juan —Y en suma, ¿quién era ese Marechal? SerÃan Uds. muy amigos…
El viejo, enternecido por la embriaguez, contestó llorando:
—Un hermano… sépalo Ud… de lo que no se encuentra… no nos separábamos nunca… comÃa en casa todos los dÃas… y muchas veces nos convidaba al teatro… No digo más… no digo más… Un amigo, un verdadero amigo… ¿no es verdad, Luisa?
Su mujer contestó simplemente:
—SÃ, era un buen amigo.
Pedro miraba a su padre y a su madre, y habiendo cambiado la conversación siguió bebiendo.
El resto de la tarde no le dejó ningún recuerdo. Se tomó café, se bebieron licores, se habló mucho y se rió no poco. A media noche fue a acostarse con la imaginación adormecida y la cabeza pesada, y durmió como un bruto hasta las nueve de la mañana.