Pedro y Juan
Pedro y Juan Cuando tomaron el café, dijo a su padre:
—¿Necesitas hoy la Perla?
—No.
—¿Puedo llevármela con Juan Bart?
—Sí, por cierto.
Compró un buen cigarro en el primer estanco que encontró, y se dirigió alegremente hacia el puerto mirando el cielo claro y despejado y aspirando con delicia la fresca brisa del mar.
El marinero Papagrís, llamado Juan Bart, dormitaba en el fondo de la barca que debía tener lista todos los días a las doce cuando no iban por la mañana a pescar.
—Hola, patrón —gritó Pedro, bajando por la escala de hierro del muelle y saltando a la embarcación—. ¿Qué viento tenemos?
—Sigue la brisa larga.
—Pues vamos.