Pedro y Juan
Pedro y Juan Su madre insistió:
—Sí, pero yo te aseguro que una buena casa te será muy útil.
A la mitad de la comida, Pedro preguntó de pronto:
—¿Cómo conocieron Uds. a ese Marechal?
Roland levantó la cabeza y rebuscó en su memoria.
—Espera, yo no me acuerdo… Hace tanto tiempo… ¡Ah! sí, ya caigo. Tu madre le conoció en la tienda; ¿no es verdad, Luisa? Vino a pedir no sé qué, y luego volvió con frecuencia. Le conocimos como cliente, antes de tratarle como amigo.
Pedro, que comía guisantes y los cogía uno por uno con un diente del tenedor, replicó:
—¿Y cuándo hicieron Uds. ese conocimiento?
Roland pensó de nuevo, pero no consiguió acordarse y tuvo que apelar a la memoria de su mujer.
—¿En qué año fue, Luisa? Tú que tienes tan buena memoria… no lo habrás olvidado… ¿fue el cincuenta y cinco o el cincuenta y seis? Recuerda… tú debes saberlo mejor que yo.
La madre meditó algún tiempo, y luego dijo con seguridad: