Pedro y Juan
Pedro y Juan —SÃ, sÃ, me acuerdo perfectamente; lo vi la semana pasada. Tu madre, arreglando papeles, lo sacó de su secretaire. Era el jueves o viernes. ¿Te acuerdas, Luisa? Yo iba a afeitarme cuando tú lo sacaste del cajón, con muchas cartas de las que quemaste la mitad. También es raro que encontraras ese retrato dos o tres dÃas antes de recibir la noticia de la herencia de Juan. ¡Si yo creyera en presentimientos, dirÃa que éste era uno!
La mujer respondió con tranquilidad:
—SÃ, sÃ, ya sé dónde está. Iré a buscarlo en seguida.
¡Luego habÃa mentido! HabÃa mentido contestando aquella misma mañana a su hijo, que le preguntaba por él: «No sé dónde está… Puede que lo tenga en mi secretaire».
¡Y lo habÃa visto, tocado y mirado, escondiéndolo luego en un cajón con varias cartas, sin duda suyas!