Pedro y Juan
Pedro y Juan Cuando le echaron de menos todos se admiraron, y Juan, disgustado por la viuda a quien creÃa ofendida, murmuró:
—¡Qué oso!
—No hay que acusarle —dijo la madre—. Hoy está un poco malo y cansado de su expedición a Trouville.
—No importa —contestó Roland—; ésa no es razón para irse como un salvaje.
La señora de Rosemilly quiso componerlo, diciendo:
—No, no, se ha marchado a la inglesa; en sociedad siempre se retiran los que se van temprano.
—Es posible —respondió Juan—, pero a la familia no se la trata a la inglesa, y mi hermano no hace otra cosa de algún tiempo a esta parte.