Pedro y Juan
Pedro y Juan Resuelto este asunto delicado volvió a la cuestión de la presencia de Pedro en la familia: ¿Cómo apartarle? Ya desesperaba de encontrar una solución práctica, cuando el silbido de un vapor que entraba en el puerto pareció contestarle sugiriéndole una idea.
Entonces se tendió vestido en la cama y allí permaneció hasta el día.
A eso de las nueve salió para asegurarse de que la ejecución de su proyecto era posible. Después de algunas gestiones y visitas se dirigió a casa de sus padres. Su madre le esperaba encerrada en su cuarto.
—Si no hubieras venido —le dijo— no me hubiese atrevido a bajar.
A poco se oyó a Roland gritar en la escalera.
—¿No se come hoy en esta casa?
Nadie contestó, y él siguió gritando:
—Josefina, o demonio, ¿qué haces?
La voz de la criada contestó desde las profundidades del sótano:
—Aquí estoy, señor, ¿qué se ofrece?
—¿Dónde está la señora?
—Arriba con el señorito Juan.
Entonces, elevando la voz dijo:
—¡Luisa!
La señora de Roland entreabrió la puerta y contestó:
—¿Qué quieres?