Pedro y Juan
Pedro y Juan —¡Ah! bien.
Y se puso a cargar su pipa, mientras la madre y el hijo subÃan la escalera para coger los sombreros.
Cuando estuvieron en la calle, Juan le preguntó:
—¿Quieres el brazo, mamá?
Nunca se lo ofrecÃa, pero entonces quiso darla esa prueba de atención. Ella lo aceptó y se apoyó en él.
Después de dar en silencio algunos pasos, Juan dijo:
—Ya ves que Pedro consiente en marcharse.
La madre murmuró:
—¡Pobre Pedro!
—¿Por qué? No lo pasará mal a bordo de la Lorena.
—No, ya lo sé; pero pienso en tantas cosas…
Y siguió pensativa, con la cabeza baja, ajustando su paso al de su hijo, hasta que dijo como completando su pensamiento:
—¡Qué mala es la vida! Si por acaso se encuentra alguna dulzura, es uno culpable por abandonarse a ella, y luego se paga bien cara.
Juan dijo en voz baja:
—No hables más de eso, mamá.
—No pienso en otra cosa.
—Ya lo olvidarás.