Pedro y Juan
Pedro y Juan Juan fue desde su infancia un modelo de dulzura, de bondad y de carácter tranquilo; y Pedro estaba cansado de oír elogiar siempre a aquel gordinflón, cuya dulzura le parecía debilidad, la bondad tontería y la benevolencia ceguedad. Sus padres, gente pacífica, que soñaban para sus hijos posiciones honrosas y mediocres, le reprochaban sus indecisiones, sus entusiasmos, sus tentativas abortadas, todos sus arranques impotentes hacia ideas generosas y profesiones decorativas.
Desde que era hombre ya no le decían: «Mira a Juan, imítale»; pero siempre que oía repetir «Juan ha hecho esto, Juan ha hecho aquello», comprendía el sentido y la alusión que se ocultaban bajo estas palabras.