Pedro y Juan
Pedro y Juan Antes de la vuelta de sus hijos, Roland no la habÃa invitado nunca a sus expediciones de pesca, a las que tampoco llevaba a su mujer, porque le gustaba embarcarse antes de amanecer con el capitán Beausire, un marino retirado al que habÃa conocido en el puerto y de quien se hizo Ãntimo amigo, y el antiguo marinero PapagrÃs, por sobrenombre, Juan Bart, encargado de guardar su embarcación.
Una noche de la semana anterior, la señora de Rosemilly, que habÃa comido en su casa, dijo: «Debe de ser divertida la pesca», y el antiguo joyero, halagado en su pasión y dominado por el deseo de comunicarla y hacer prosélitos como un apóstol, exclamó:
—¿Quiere Ud. venir?
—SÃ.
—¿El martes?
—Bien.
—¿Es Ud. capaz de salir a las cinco de la mañana?
La viuda contestó con un grito de asombro.
—No por cierto.
Roland quedó frÃo, desanimado y dudando de su vocación.
Sin embargo, preguntó:
—¿A qué hora?
—Pues… a las nueve.
—¿Y antes no?