Pedro y Juan
Pedro y Juan Y al mismo tiempo añadió extendiendo el brazo hacia el Norte:
—Mira, mira, el vapor de Southampton.
Sobre la mar llana, tendida como una tela azul, inmensa, reluciente, con reflejos de oro y de fuego, se elevaba a lo lejos en la dirección indicada una nube negruzca en medio del cielo rojizo, y debajo se veÃa el barco que aún parecÃa muy pequeño.
Hacia el Sur se veÃan otras columnas de humo que se dirigÃan todas hacia el puerto del Havre, del que apenas se distinguÃan la lÃnea blanca de los muelles y el faro.
Roland preguntó:
—¿No es hoy cuando debe entrar la NormandÃa?
Juan respondió:
—SÃ, papá.
—Dame el anteojo… Creo que está allÃ.
El padre estiró el tubo de cobre, lo acercó al ojo, buscó el punto de mira y exclamó satisfecho de haber acertado:
—SÃ, sÃ, es ella. Conozco sus dos chimeneas. ¿Quiere Ud. mirar, señora?