Pedro y Juan
Pedro y Juan Luego, el crítico que después de Manon Lescaut, Pablo y Virginia. Don Quijote, Las uniones peligrosas, Werther, Las afinidades electivas, Clarisa Harlowe, Emilio, Cándido, Cinq-Mars, René, Los tres mosqueteros, La prima Bette, Colomba, El rojo y el negro, Mademoiselle de Maupin, Nuestra Señora de París, Solammbô, Madame Bovary, Adolfo, M. de Camors, L’Assommoir, Safo, etcétera, se atreve a escribir: «Ésta es una novela y aquélla no lo es», me parece dotado de una perspicacia que se asemeja mucho a la incompetencia.
Generalmente, el crítico de este linaje entiende por novela una aventura más o menos verosímil, arreglada a la manera de una comedia en tres actos, el primero de los cuales contiene la exposición, el segundo la acción y el tercero el desenlace.
Esta manera de componer es absolutamente admisible, pero a condición de que se acepten igualmente todas las demás.
¿Existen reglas fijas para hacer una novela, y prescindiendo de ellas deberá darse otro nombre a una historia escrita?
