Pedro y Juan

Pedro y Juan

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Luego que salió la familia, Pedro, hallándose otra vez solo, volvió a sus anteriores investigaciones en busca de habitaciones desalquiladas.

Después de dos o tres horas de subir y bajar escaleras encontró en el boulevard de Francisco I una muy bonita: era un gran entresuelo con dos puertas que daban a calles diferentes, dos salones, una galería de cristales, donde los enfermos que aguardasen turno podrían pasear entre flores, y un precioso comedor en forma de rotonda con vistas al mar.

En el momento de cerrar el trato le detuvo el precio de tres mil francos, porque había que pagar el primer trimestre y él no tenía un céntimo.

La pequeña fortuna ganada por su padre apenas producía ocho mil francos de renta, y Pedro se acusaba de haber puesto muchas veces en apuro a sus padres con sus vacilaciones en la elección de carrera, con sus tentativas siempre abandonadas y sus continuos comienzos de estudios. Se limitó, pues, a ofrecer que daría una contestación a los dos días, y se le ocurrió pedir a su hermano el importe del primer trimestre, o mejor de un semestre, mil quinientos francos, cuando Juan entrara en posesión de la herencia.

«Será un préstamo de algunos meses, pensaba. Tal vez le pagaré antes de fin de año. Es cosa insignificante, y él se alegrará de hacer eso por mí».


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