Pedro y Juan
Pedro y Juan La muchacha meditó algunos momentos, y dijo con sonrisa picaresca:
—¡No es poca suerte tener esos amigos! Ya no extraño que os parezcáis tan poco.
Pedro sintió impulsos de arañarla sin saber por qué, y preguntó con la boca crispada:
—¿Qué quieres decir?
—Nada. Que tiene más fortuna que tú —contestó ella ingenuamente.
Pedro tiró un franco encima de la mesa y salió, repitiendo esta frase que se le habÃa grabado en la memoria: «Ya no extraño que os parezcáis tan poco».
¿Qué habÃa pensado?, ¿qué habÃa sobrentendido al decir estas palabras? Seguramente una malicia, una maldad, una infamia. SÃ, aquella mujer habÃa creÃdo que Juan era hijo de Marechal.
La emoción que le produjo esta sospecha que ofendÃa a su madre fue tan violenta, que se detuvo y buscó con la vista un sitio en que sentarse.
A pocos pasos habÃa otro café. Entró, se sentó y dijo a uno de los mozos: «Un bock».
SentÃa latir su corazón, y su cuerpo se agitaba con estremecimientos convulsivos. De repente recordó que Marowsko le habÃa dicho la vÃspera: «Eso no hará buen efecto». ¿HabÃa tenido la misma idea, la misma sospecha que aquella bribona?