Pedro y Juan
Pedro y Juan —Y sin embargo, para ti puede ser más peligroso.
Roland, que iba a beber, dejó la copa encima de la mesa y preguntó:
—¿Por qué?
HacÃa algún tiempo que se quejaba de pesadez, de vértigos, de malestar constante e inexplicable. El doctor contestó:
—Porque la bala de la pistola puede muy bien pasar a tu lado, mientras que la copa de vino entra necesariamente en tu cuerpo.
—¿Y qué?
—Y abrasa el estómago, desorganiza el sistema nervioso, entorpece la circulación y prepara la apoplejÃa de que están amenazados los hombres de tu temperamento.
La embriaguez creciente del antiguo joyero parecÃa disipada como por un soplo de viento, y miraba fijamente y con inquietud a su hijo, tratando de comprender si se burlaba.
Pero Beausire exclamó:
—Estos diablos de médicos siempre son los mismos: no comas, no bebas, no ames, no bailes; todo eso perjudica a la salud. Pues bien; yo lo he hecho todo, en todas las partes del mundo y hasta que no he podido más, y estoy perfectamente.
Pedro respondió con acritud: