La montaña perdida
La montaña perdida El jefe se instaló en la tienda de campaña y los seis subjefes se repartieron en las demás, en tanto que los indios se alojaban en los carros.
Luego salieron para preparar la cena. Asaron un cuarto de caballo y prepararon su plato nacional, el mezcal y, poco después, cenaban vorazmente, hasta que hubieron satisfecho el hambre que sentían.
Estaban ya fumando las pipas, cuando uno de los salvajes que salía de un carro dió un grito de alegría. Todos lo miraron asombrados, interrogándolo con la mirada. Su compañero les hizo seña de que se acercaran y los indios acudieron al carro preguntándose la causa de aquella exclamación de gozo. Entonces vieron en un rincón del carro un tonel, y cuando se disponían a preguntar por su contenido, el que hiciera el descubrimiento se limitó a decir:
—¡"Chingarita"!
Aquella palabra fué repetida por doscientas bocas, con los ojos brillantes de deseo, porque sabían que la chingarita era un licor destilado de la planta que les sirve para preparar su plato nacional: el mezcal, y aunque ignoraban el medio de hacer aquel licor, se consideraban dichosos cuando podían embriagarse con él.
Por unos momentos sintieron el recelo de que el licor estuviese envenenado, pero acudió el Cascabel, quien abriendo el grifo tragó algunos sorbos del licor, exclamando: