La montaña perdida
La montaña perdida De pronto desapareció a la vista de los mejicanos, que observaban con ansiedad su fuga, y cuando ya éstos temían que lo hubiesen muerto, reapareció,.pero corriendo en dirección opuesta a la que llevaba al principio.
Había aprovecharlo una elevación del terreno para ocultarse a sus perseguidores y dar media vuelta sin ser advertido. Gracias a esa estratagema los indios quedaron engañados siguiendo una falsa dirección, porque desde el suelo no podían ver al caballo como los mejicanos desde lo alto de la montaña.
Sin embargo, pronto se dieron cuenta de su error, pero ya el caballo les había tomado considerable ventaja, y no tardó en ser invisible para sus enemigos.
Al cabo de una hora volvieron los indios con sus caballos derrengados y sin llevar el negro corcel objeto de sus esfuerzos.
—¡Bravo! — gritó el gambusino —. Cruzado les ha burlado, y como no hemos oído ningún disparo, puede usted estar tranquilo, don Enrique. Y ahora ya estoy seguro de que no lo cogerán. Este caballo es el mismo diablo.