Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) Cuando Brodrick entró en la estancia, la escena lo dejó sin palabras: su hija reÃa tÃmidamente y Ossian dormÃa plácido en los brazos de Amanda. Por un momento, el peso en su pecho pareció aliviarse. —Conde —lo saludó ella con una sonrisa despreocupada—. Creo que Ossian me ha adoptado. —No suele dormir con facilidad —admitió él, sorprendido. —Entonces supongo que soy buena para su descanso —replicó Amanda, sin perder el contacto visual.
Aquel intercambio, breve pero cargado de matices, fue el inicio de algo que ninguno de los dos podÃa aún nombrar. Brodrick se retiró con el ceño fruncido, molesto consigo mismo por sentirse vulnerable ante una mujer que apenas conocÃa. Joshua lo interceptó en el pasillo: —Esa joven tiene la capacidad de devolverle la risa a esta casa, muchacho. —No necesito que nadie me devuelva nada —gruñó el conde. —Quizá no lo necesites, pero lo mereces —respondió el anciano antes de marcharse, dejándolo solo con sus pensamientos.