Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) La conversación no pasó desapercibida para Amanda, que escuchó desde las escaleras. Sabía que su padre la amaba, pero no soportaba que intentara protegerla como si fuera una niña incapaz de elegir. Esa noche, en su habitación, descargó su frustración con Megan. —Siempre es lo mismo —dijo, arrojándose sobre la cama—. Papá cree que puede decidir por mí. Megan la observó con paciencia, sentándose a su lado. —No es que quiera decidir, Amanda. Es que le cuesta aceptar que su pequeña ha crecido. —Pues tendrá que aceptarlo —replicó ella, con lágrimas de rabia contenida.
Mientras tanto, Brodrick bebía solo en la biblioteca, intentando ahogar el peso de sus emociones. Joshua entró sin pedir permiso. —No puedes seguir así, muchacho. —¿Así cómo? —Encerrado entre tus culpas y tus miedos. Esa joven te está ofreciendo luz, y tú insistes en quedarte en la oscuridad. —No es tan simple, Joshua. Si me permito sentir algo por Amanda, arrastro a todos a un nuevo conflicto: su familia, mi gente… —Lo que arrastra a todos al conflicto es tu indecisión —lo cortó el anciano—. Si no la quieres, díselo. Y si la quieres, lucha.