Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) La discusión terminó abruptamente cuando Duncan entró en escena. Mojado por la lluvia, con el porte de un padre que no tolera amenazas sobre su hija, se colocó entre ambos. —Amanda, adentro. Ahora. —¡Papá! —protestó ella. —¡Adentro! —repitió Duncan, sin apartar la mirada de Brodrick.
Ella obedeció a regañadientes, dejando a los dos hombres frente a frente. Duncan cruzó los brazos, imponente. —No sé qué juego estás jugando con mi hija —dijo, con la voz grave como un trueno—, pero si la hieres, conde, no habrá clan ni título que te salve de mí. Brodrick sostuvo la mirada del laird, consciente de que no podía fallar en sus intenciones. —No estoy jugando, Duncan. —Entonces aclara tus intenciones, porque Amanda no es una mujer para medias verdades.