Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) El punto de quiebre llegó una tarde, cuando Amanda lo encontró en el patio de armas entrenando con Derek. La lluvia caÃa sobre sus hombros mientras él descargaba golpes furiosos contra el muñeco de prácticas. —¿Asà es como resuelves tus problemas? —preguntó Amanda, empapada pero firme. Brodrick giró hacia ella, jadeante. —Me ayuda a no perder el control. —¿Y gritarme a mà también lo hace? —lo provocó, cruzando los brazos. —Amanda —gruñó él—, este no es momento. —¿Cuándo lo será? —replicó, avanzando hasta quedar a unos pasos de él—. ¿Cuándo decidas que no somos más que visitantes en tu vida?
Derek, incómodo, se alejó discretamente. Brodrick apretó los puños, conteniendo el impulso de decir lo que le ardÃa en la garganta: que desde que Amanda habÃa llegado, cada resquicio de su mundo habÃa cambiado, que lo desafiaba y lo hacÃa sentir vivo de una manera que temÃa aceptar. —No entiendes lo que está en juego —respondió, con voz baja pero dura. —Entonces explÃcamelo —exigió Amanda—. Porque lo que yo veo es a un hombre que tiene miedo de ser feliz.