Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) Megan, por su parte, buscó a Amanda mientras la ayudaba a vestir a Peyton. —Tu padre siempre fue rudo al ceder —dijo con complicidad—. Pero te quiere feliz. —Y yo lo soy, madre. —Amanda abrazó a la pequeña—. Más de lo que creà posible.
Una noche, Brodrick llevó a Amanda a la torre más alta del castillo. La nieve caÃa suavemente, y las luces del pueblo titilaban a lo lejos. —Quiero mostrarte algo —dijo él, extendiendo una llave antigua. La llevó a una sala vacÃa, con grandes ventanales que daban a las colinas. —¿Qué es este lugar? —preguntó ella, intrigada. —El corazón del castillo. —Él tomó aire, como si las palabras que dirÃa fueran una ofrenda—. Quiero que lo conviertas en lo que desees. Un jardÃn, una sala de música… un espacio solo nuestro. Amanda lo miró, comprendiendo que aquella no era solo una habitación. Era un sÃmbolo: la invitación a construir juntos un hogar desde las ruinas.
—No necesito torres, Brodrick —respondió, abrazándolo—. Te necesito a ti.