Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) Duncan McRae, el laird de la familia, observaba desde su despacho el patio interior del castillo. La madera de la chimenea chisporroteaba mientras él, con los brazos cruzados, murmuraba: —TodavÃa me cuesta aceptar que mis niñas ya no lo sean. Megan, su esposa, entró con la misma ligereza con la que lo habÃa conquistado décadas atrás, y se sentó sobre sus rodillas con una sonrisa traviesa. —¿Te atormentas por Amanda o por Johanna? —preguntó, rozándole el mentón con los dedos. —Por las dos. Hace nada correteaban por estos pasillos, y ahora… —Ahora son mujeres, Duncan —lo interrumpió ella con dulzura—. Mujeres fuertes, como su madre. Él suspiró y, tras besarla en los labios, añadió: —Y no sé si estoy preparado para dejarlas volar. —Pues tendrás que estarlo —sentenció Megan, levantándose—. Amanda está hecha de fuego. No pretendas apagarla.