Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) Amanda, ajena a la conversación, entrenaba en las caballerizas con Dalmore , su joven corcel. Montaba con la osadÃa de quien no conoce el miedo, provocando los rezongos de su padre cada vez que la veÃa galopar sin miramientos. Allà la encontró Arnold Gordon, el hijo menor de Lorenzo, con una sonrisa altiva que Amanda conocÃa bien. —Lady Amanda —dijo él, acercándose demasiado—. Qué belleza la vuestra cuando cabalgáis. —Aléjate, Arnold —advirtió ella, manteniendo las riendas firmes. Pero el joven no escuchó. Una mano atrevida rozó donde no debÃa y Amanda no dudó: lo golpeó con toda su fuerza, partiéndole el labio. —¡Maldita fiera! —gritó Arnold, tambaleándose. —La próxima vez —replicó ella, desenvainando apenas su espada— te quedarás sin dientes.