Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) —¿Segura que quieres venir? —preguntó Duncan mientras acomodaba las alforjas. —Más segura que nunca —replicó Amanda, subiéndose con agilidad al carruaje. —Eres un torbellino, muchacha —rió Myles—. Si yo fuera Brodrick, me esconderÃa al verte llegar. —Si fueras Brodrick, Myles —contestó ella con una sonrisa socarrona—, huirÃas antes de atreverte siquiera a mirarme.
El viaje transcurrió entre risas, historias del clan y momentos de silencio en los que Amanda se perdÃa mirando el horizonte. Pensaba en los rumores que rodeaban al conde: el matrimonio fallido con Scarlett, aquella mujer descrita como frÃa y altiva; los susurros sobre su viudez y el dolor que cargaba; los hijos que ahora criaba solo. Todo eso la intrigaba. ¿Quién era realmente Brodrick Fraser detrás de la máscara de conde y guerrero?
El castillo de Aviemore apareció al fin, imponente y silencioso, rodeado de bosques que parecÃan custodiarlo. Joshua, el anciano consejero y amigo del difunto Magnus, salió a recibirlos con una reverencia cargada de respeto. —Laird McRae, lady Megan, lady Amanda —saludó con voz grave—. Bienvenidos a Roy Trust. Amanda sintió el peso del lugar apenas cruzó los portones: las piedras parecÃan contar historias de pérdidas y promesas rotas.