Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) Brodrick apareció en el gran salón poco después. VestÃa con sobriedad, y su mirada, más que nunca, le recordó a Amanda las tormentas que veÃa en sueños. Ella lo observó con descaro, y cuando sus ojos se encontraron, sintió que el aire se volvÃa denso. —Laird McRae —saludó él, inclinando levemente la cabeza—. Lady Megan. Lady Amanda. —Conde Fraser —respondió Duncan—. Lamentamos vuestra pérdida. Brodrick asintió, sin apartar la vista de Amanda. HabÃa algo en esa joven que lo desarmaba y lo descolocaba al mismo tiempo.
Durante la cena, el ambiente fue contenido. Megan rompió el hielo con preguntas sobre el estado del castillo y los niños, a lo que Brodrick respondÃa con frases cortas, como si las palabras le costaran. Amanda, en cambio, hablaba con naturalidad, arrancándole una sonrisa ocasional que él intentaba disimular. —¿Y dónde están Peyton y Ossian? —preguntó Amanda con voz suave. —Descansando —respondió él—. No es fácil para ellos. —Me gustarÃa verlos mañana —insistió. Brodrick dudó, pero Joshua intervino: —Lady Amanda tiene buen corazón. Los niños se alegrarán. El conde solo asintió, aunque por dentro se preguntaba qué buscaba realmente aquella joven que parecÃa desafiar sus muros.