Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) —¿Iremos a visitarlo? —preguntó Megan. —Debemos —respondió Duncan—. Es nuestro deber presentarle nuestras condolencias. Amanda no dudó: —Yo también iré.
El laird la miró con una mezcla de sorpresa y desconfianza. —¿Para qué quieres ir, Amanda? —Porque lo aprecio —dijo ella, con la franqueza que la caracterizaba—. Y porque sus hijos me necesitan.
Duncan calló, leyendo en el brillo de los ojos de su hija algo más que compasión. Megan, en cambio, sonrió para sÃ: habÃa visto esa chispa antes. Era la misma que encendÃa los amores destinados.
La mañana del viaje amaneció frÃa, con el cielo encapotado como si las Tierras Altas adivinaran que ese encuentro cambiarÃa el destino de quienes se dirigÃan a él. Amanda se ajustó el manto sobre los hombros mientras Duncan y Megan ultimaban los preparativos. Ewen y Myles los acompañarÃan hasta Fort Augustus, para luego seguir con encargos del clan, dejándolos continuar hacia Aviemore. Duncan, como siempre, habÃa calculado cada paso. Amanda, en cambio, veÃa el trayecto como una aventura: la oportunidad de acercarse a aquel hombre que, sin saberlo, habÃa empezado a habitar sus pensamientos.
