Pídeme lo que quieras
Pídeme lo que quieras Eric accede… hasta donde puede. Le propone unas vacaciones juntos. Un viaje donde, lejos de todo, puedan reconectarse. Y así, en una playa solitaria, Judith vuelve a entregarse por completo. Pero el amor no es simple. Ni siquiera cuando el paisaje es perfecto.
Eric le propone un nuevo paso: quiere introducir a otro hombre en sus juegos. Judith, atónita, duda.
—¿Un trío con un hombre?
—Sí. Quiero que experimentes todo lo que te excite.
Judith, entre el morbo y la confusión, accede. La noche llega. Eric le presenta a un amigo íntimo. Las reglas están claras. El placer será el único objetivo. Y lo que ocurre esa noche marca un antes y un después en su relación.
Judith se siente viva, deseada por dos hombres. Pero también rota por dentro. Hay un momento en el que, mientras Eric observa, ella se pregunta en silencio:
—¿Esto es amor? ¿O solo soy una parte de su espectáculo?
Al día siguiente, las palabras no llegan. Eric actúa como si todo fuera normal. Judith, en cambio, guarda un silencio que quema. La confianza empieza a agrietarse de nuevo. Cada vez que intenta hablar con él, él evade, minimiza, reduce todo a una cuestión de deseo.
La tensión estalla en una nueva discusión. Judith exige claridad.