PÃdeme lo que quieras
PÃdeme lo que quieras Eric la presenta a sus colegas alemanes como su asistente. Pero en la intimidad del hotel, no hay tÃtulos, solo órdenes. Judith comienza a conocer nuevas facetas del alemán: la rigidez con la que dirige su empresa se traslada también a su mundo privado. Nada está dejado al azar. La habitación de Eric se convierte en un templo de control y lujuria, donde él marca el ritmo y ella aprende a rendirse.
—No te muevas —ordena él, mientras le cubre los ojos con una venda de seda—. Quiero que sientas sin ver.
El cuerpo de Judith reacciona antes que su mente. La pasión con la que Eric explora sus lÃmites es magnética. La hace sentir viva, deseada, única. Y sin embargo, algo en ella se resiste a perderse por completo.
Durante el dÃa, trabajan juntos, visitan fábricas, se mueven por oficinas alemanas con eficiencia. Por la noche, las máscaras caen. Eric la lleva a bares exclusivos, la introduce en un mundo hedonista donde se mezclan el lujo, el alcohol y los deseos no dichos. AllÃ, Judith conoce a Björn, un amigo Ãntimo de Eric que despierta aún más preguntas.
—¿ConfÃas en mÃ, Judith? —le pregunta Eric una noche, con la mirada fija en sus labios.
Ella no responde, pero su cuerpo lo hace.