Pídeme lo que quieras
Pídeme lo que quieras El clímax llega durante una cena privada en un restaurante de Berlín. Eric le propone un juego de control total. Judith, entre la excitación y la duda, accede. En medio del salón, con personas alrededor, él le susurra cosas al oído que la hacen temblar. Ella se siente poderosa y vulnerable a la vez. Libre y, sin embargo, atada a ese hombre que no deja de provocarla.
Pero no todo es placer. Eric es hermético. Se niega a hablar de sus emociones, de su pasado, de lo que siente realmente. Judith empieza a notar las grietas. ¿Es ella solo un capricho? ¿Una pieza más en su mundo perfectamente calculado?
Al regresar a Madrid, la rutina se mezcla con la tensión acumulada. Judith comienza a tener pesadillas, a sentirse incómoda con su rol. Se lo dice:
—No quiero convertirme en una marioneta, Eric.
Él guarda silencio, la observa, pero no cede.
La relación se torna más densa. Eric le propone vivir con él. Judith duda. Entre sus amigas, las advertencias crecen. Su amigo Paco, siempre cómplice, le lanza una advertencia disfrazada de chiste:
—Ten cuidado, guapa… que te están domando.
Judith, por primera vez, no sabe qué responder.
—
El deseo es cada vez más oscuro. El juego más peligroso. Y las reglas… empiezan a romperse.