Siempre te encontraré (Las guerreras Maxwell 3)
Siempre te encontraré (Las guerreras Maxwell 3) El golpe fue un trueno. James bloqueó con una rapidez sobrehumana, girando su espada para desviar el ataque.
Los hermanos se enfrentaron bajo la luna.
Angela no dudó. Se lanzó con su daga, pero James la esquivó, un paso hacia atrás, una risa en su garganta.
—Vaya, Ferguson, ¿me quieres muerta tanto como a mi hermano?
Angela no contestó. Solo atacó de nuevo.
Kieran rugió de furia. No era solo una pelea. Era un juicio.
James O’Hara había elegido su destino.
Y esa noche, el destino reclamaría su precio.
El duelo era una tormenta de acero.
James se movía como un espectro, su espada silbando en la oscuridad. Pero Kieran no era un niño. Cada golpe que esquivaba, cada tajo que bloqueaba, lo acercaba a la verdad innegable:
James O’Hara no era su hermano. No más.
Angela vio la apertura antes que Kieran.
—¡Ahora! —gritó.
Kieran giró la espada en el último momento y la hoja de James resbaló, dejando su flanco expuesto. Fue una fracción de segundo. Pero suficiente.
El acero se hundió.