El acuerdo
El acuerdo En los dÃas que siguieron, las grietas en sus defensas empezaron a hacerse más visibles. Richard la sorprendió una tarde, entrando en la sala con un viejo álbum de fotos en la mano. —Mira esto —dijo, sentándose junto a ella en el sofá. Katharine lo miró con recelo, pero aceptó el álbum. Al abrirlo, vio fotos de un Richard más joven, sonriente, rodeado de personas que parecÃan familiares. —¿Es tu familia? —preguntó. —Era. —Richard tomó un sorbo de su whisky—. Mis padres murieron hace años. Mi madre me soportaba. Mi padre... bueno, digamos que no éramos exactamente amigos. La confesión cayó como una piedra en el agua, rompiendo el silencio que la rodeaba. Katharine cerró el álbum con cuidado, sintiendo que habÃa cruzado un lÃmite invisible. —Lo siento. Richard la miró, y algo en su expresión cambió. No era la lástima lo que buscaba, sino algo más profundo. —No necesitas sentirlo. Solo... déjalo ahÃ. Ese momento marcó un punto de inflexión. Las barreras que ambos habÃan levantado comenzaron a desmoronarse, aunque ninguno de los dos estaba dispuesto a admitirlo.