Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero Al reparar en su anuencia, podrÃa decirse que casi alegre, el capitán miró asombrado al marinero con mudo reproche. El capitán era uno de esos mortales dignos que se dan en todos los oficios, incluso en los más humildes, uno a quien todo el mundo coincide en llamar «un hombre respetable». Y —por extraño que pueda parecer—, aunque llevase toda una vida surcando aguas turbulentas y viéndoselas con los elementos, no habÃa nada que su noble alma apreciara más que la paz y el silencio. Por lo demás, rondaba los cincuenta, tenÃa cierta tendencia a la corpulencia y su atractivo rostro, sin patillas y de tez agradable, era humano y de gesto inteligente. En un dÃa claro, con buen viento y cuando todo iba bien, cierto tono musical en su voz parecÃa ser la verdadera expresión de su temperamento. Era prudente y meticuloso, y a veces dichas virtudes le causaban una preocupación excesiva. En las travesÃas, el capitán Graveling jamás pegaba ojo mientras estuviesen cerca de tierra. Se tomaba esas graves responsabilidades mucho más a pecho que otros capitanes.