Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero —El capitán Vere ha hablado. ¿Es o no cierto lo que ha dicho?
En respuesta llegaron sÃlabas no tan entrecortadas como habrÃa sido de esperar que dijeron asÃ:
—El capitán Vere dice la verdad. Fue como él ha dicho, pero no como dijo el maestro de armas. He comido el pan del rey y soy leal a su majestad.
—Te creo, muchacho —dijo el testigo, con un punto de emoción contenida en la voz, que no delató nada más.
—¡Dios bendiga a su señorÃa! —dijo Billy entre tartamudeos y a punto de derrumbarse. Pero enseguida le obligó a dominarse otra pregunta, a la que respondió con la misma emocionada dificultad para expresarse.
—No, no habÃa resentimiento. Nunca le deseé ningún mal al maestro de armas. Lamento que haya muerto. No era mi intención matarle. De haber podido servirme de la lengua no le habrÃa golpeado. Pero mintió vilmente en mi cara y en presencia de mi capitán, algo tenÃa que decir y solo acerté a decirlo con el puño, ¡que Dios me ayude!