Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero En la forma de hablar impulsiva y sin tapujos de aquel hombre tan franco, el tribunal vio confirmado lo que había implícito en las palabras que un momento antes les habían dejado tan perplejos, viniendo como venían del testigo de la tragedia, y a las que había seguido el enérgico desmentido de Billy de sus intenciones sediciosas, las palabras del capitán Vere: «Te creo, muchacho».
A continuación le preguntaron si sabía o sospechaba de algún peligro incipiente (con lo que querían decir de algún motín, aunque evitaron decirlo de forma explícita).
La respuesta se hizo esperar. Como es natural lo atribuyeron al mismo impedimento del habla que había retrasado o entorpecido las respuestas anteriores. Pero esta vez se trataba de algo diferente, la pregunta enseguida le recordó a Billy su conversación con el guardia de popa en los cadenotes. Pero una aversión innata a desempeñar siquiera remotamente el papel de informador contra sus camaradas, el mismo sentido equivocado del honor que le había impedido informar entonces del asunto, pese a que como marinero leal de un buque de guerra estaba obligado a hacerlo y, en caso contrario, si llegaban a acusarle y lograban demostrarlo, sería merecedor de las penas más severas; eso, unido a su ciega convicción de que en realidad no se estaba gestando nada, prevaleció. Cuando llegó, la respuesta fue negativa.