Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero —La pregunta que habéis planteado es muy natural. Pero ¿cómo va a responderla él ni nadie que no sea el que está ahà dentro? —Y señaló a la cámara donde se hallaba el cadáver—. Pero el que yace ahà no se levantará aunque lo llamemos. De hecho, tengo para mà que la cuestión carece de mayor relevancia. Dejando aparte cualquier motivo concebible que pudiera tener el maestro de armas, y la provocación que motivó la agresión, este consejo de guerra debe por fuerza limitarse a las consecuencias de ésta, de las que en justicia solo puede considerarse responsable a quien la cometió.
Esta declaración, cuyo significado no era probable que Billy comprendiera del todo, le impulsó no obstante a mirar con gesto obstinado e inquisitivo a quien acababa de pronunciarla, una mirada no muy distinta de la que un perro de buena raza dedicarÃa a su amo, buscando en su rostro alguna elucidación de un gesto anterior que resultase ambiguo para la inteligencia canina. Tampoco dejó de causar un acusado efecto en los tres oficiales, y sobre todo en el soldado. Les pareció ver en ella un sentido que parecÃa indicar cierto prejuicio por parte del orador, lo cual sirvió para aumentar una turbación mental que ya era evidente antes.
El soldado volvió a hablar, en tono aparentemente dubitativo y dirigiéndose tanto a sus asociados como al capitán Vere.