Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero —No hay nadie aquÃ, y me refiero a algún otro tripulante, que pueda arrojar un poco de luz, si es que tal cosa es posible, sobre los aspectos más misteriosos del caso.
—Bien planteado —dijo el capitán Vere—; ya veo adónde queréis ir a parar. SÃ, hay un misterio, pero, por utilizar la frase de las Escrituras, es un «misterio de iniquidad»[44], una cuestión que atañe únicamente a los teólogos. ¿Qué tiene que ver con eso un tribunal militar? Por no insistir en que el eterno silencio de quien yace ahà dentro impide cualquier investigación posible. —Y volvió a señalar hacia la sala mortuoria—. De lo único que debemos tratar aquà es del acto cometido por el prisionero.
Sin saber cómo responder a eso, y en particular a la repetición final, el soldado se abstuvo de decir nada. El primer teniente, que al principio habÃa asumido la primacÃa en el tribunal, instruido ahora por una mirada del capitán Vere más eficaz que las palabras, volvió a asumir dicha primacÃa y se volvió hacia el prisionero.
—Budd —dijo en tono no muy ecuánime—, si tenéis algo que decir en vuestra defensa, decidlo ahora.
El joven marinero miró al instante al capitán Vere; confirmó por su aspecto lo que le decÃa su propio instinto de que era mejor callar y respondió al teniente:
—He dicho todo lo que tenÃa que decir, señor.