Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero Cuando habló hubo algo, tanto en la sustancia de lo que dijo como en el modo de decirlo, que delató la influencia que sus solitarios estudios habían tenido a la hora de modificar y atemperar la instrucción práctica de una carrera activa. En eso, y en su fraseología, se basaban esos marinos de fuste más práctico que de vez en cuando le atribuían cierta pedantería, capitanes que no obstante admitían con franqueza que en la Armada de su majestad no había ningún oficial de su rango más eficaz que el astral Vere.
Dijo así:
—Hasta ahora he sido solo el testigo, y poco más; y no se me pasaría por la cabeza atribuirme otro papel que el de coadjutor de este tribunal, si no percibiese en él una turbada vacilación, causada, no me cabe duda, por el choque entre el deber militar y unos escrúpulos morales avivados por la compasión. ¿Cómo no voy a compartir esta última? Pero, teniendo en cuenta otras obligaciones superiores, lucho contra cualquier escrúpulo que pueda debilitar nuestra decisión. No se me oculta, caballeros, que estamos ante un caso excepcional. Desde el punto de vista especulativo, podríamos dejárselo a un jurado de casuistas. Pero para nosotros, que no somos casuistas ni moralistas, es solo un caso práctico, que debemos resolver de manera práctica mediante la aplicación del código militar.