Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero Cuando el capellán pasó a verle lo encontró así y no notó indicios de que fuese consciente de que se encontraba allí, lo estuvo observando un rato con atención y luego se marchó sin hacer ruido, intuyendo tal vez que ni siquiera él, el ministro de Cristo, por más que cobrase su salario de Marte, podía ofrecer ningún consuelo que trascendiera la paz que acababa de contemplar. No obstante, regresó de madrugada. Y el prisionero, atento a lo que le rodeaba, reparó en su presencia y le dio la bienvenida con educación y casi con alegría. Aunque de poco sirvió que en la conversación que siguió aquel buen hombre intentara inculcar en Billy Budd la piadosa comprensión de que iba a morir al amanecer. Es cierto que el propio Billy se refería sin más a su muerte como algo próximo; pero lo hacía como los niños que aluden en general a la muerte y, entre otras cosas, juegan a funerales con coches fúnebres y plañideras.