Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero No hay que maravillarse de que, después de reparar en la inocencia esencial del joven marinero, aquel buen hombre no moviera ni un dedo para impedir la condena de ese mártir de la disciplina militar. Hacerlo habría sido como clamar en el desierto, y habría supuesto también una audaz transgresión de los límites de sus funciones, prescritas con tanta precisión por el Código Militar como las del contramaestre o cualquier otro oficial naval. Dicho con claridad, un capellán es un ministro del Príncipe de la Paz[45] que sirve en las huestes de Marte, el dios de la Guerra. Como tal, resulta igual de incongruente que un mosquete en el altar navideño. ¿Qué hace entonces ahí? De manera indirecta apoya el propósito del que dan fe los cañones, porque otorga el consentimiento de la religión de los humildes a lo que en la práctica supone la derogación de todo lo que no sea la fuerza bruta.