Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero En tierra, vestido de civil, casi nadie lo habrÃa tomado por un marino, entre otras cosas porque no adornaba con términos náuticos las conversaciones ajenas a la profesión y porque la severidad de su gesto dejaba claro que no tenÃa sentido del humor. Acorde con dichos rasgos de carácter era que en las travesÃas, si nada exigÃa su intervención urgente, fuese el más discreto de los hombres. Cualquier hombre de tierra firme que viese a aquel caballero de corta estatura, sin ninguna insignia ostentosa, salir de su camarote a cubierta, y reparara en la callada deferencia con que los oficiales se retiraban a sotavento, podrÃa haberlo tomado por un invitado del rey, un civil a bordo de un navÃo real, algún enviado discreto y honorable de camino a algún puesto de importancia. Pero, de hecho, su circunspección podÃa haberse debido a cierta modestia viril que acompaña a veces a las naturalezas decididas, que está presente en todo momento cuando no se requiere una acción destacada y que, en todos los rangos de la vida, sugiere una especie de virtud aristocrática. Como les ocurre a otras personas dedicadas a las actividades más heroicas, y pese a ser un hombre práctico si la ocasión lo requerÃa, el capitán Vere se sumÃa a veces en cierto ensimismamiento. Solo en el alcázar a barlovento, con la mano apoyada en la jarcia, contemplaba con gesto ausente el mar vacÃo. Si alguien interrumpÃa sus pensamientos con algún asunto de poca importancia respondÃa con irascibilidad, aunque se dominaba enseguida.