Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero Fuera como fuese, al danés, a su manera ascética, Billy le era simpático. Y no solo porque le despertase cierto interés filosófico su persona. Había otra razón. Mientras que las excentricidades del anciano, que a veces parecían más propias de un oso, le enajenaban a los más jóvenes, Billy no se dejaba asustar y lo reverenciaba como un héroe entre los marineros, buscaba su compañía y nunca pasaba al lado del antiguo tripulante del Agamemnon sin saludarle con el mayor respeto, algo que siempre causa buena impresión a los viejos por huraños que sean y con independencia de la posición que ocupen en la vida.
A aquel marino destinado al palo mayor no le faltaba una vena de humor seco y, ya fuese por una extraña ironía patriarcal ante la juventud de Billy y su constitución atlética, o por alguna otra razón menos evidente, desde el primer momento se dirigió a él cambiando su nombre por el de «Bebé»; de hecho, fue el danés quien se inventó el apodo con el que llegó a conocerse a bordo al gaviero.