Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero Al día siguiente un incidente sirvió para reafirmar a Billy Budd en su incredulidad sobre la extraña conclusión a la que había llegado el danés sobre el asunto que le había consultado. A mediodía el barco navegaba con el viento de popa y cabeceó un poco, y él, que estaba cenando en animada conversación con sus compañeros de rancho, tuvo la mala fortuna de volcar la sopa sobre la cubierta recién fregada. Claggart, el maestro de armas, bastón de oficial en mano, pasaba en ese momento por la batería que había cerca de donde se encontraban y el líquido grasiento se cruzó en su camino. Dio un salto y se disponía a seguir su camino sin más comentarios, pues el suceso no tenía mayor importancia dadas las circunstancias, cuando reparó en quién había vertido la sopa. Su gesto cambió. Se paró y estuvo a punto de soltarle algún improperio al marinero, pero se contuvo, señaló la sopa derramada, le dio unos golpecitos desde atrás con el bastón y dijo con la voz cantarina que utilizaba a veces: «¡Muy bonito, muchacho! ¡Y bonito es quien hace algo bonito!»[29], y prosiguió su camino. Billy estaba de espaldas y no reparó en la sonrisa o mueca involuntaria que acompañó las equívocas palabras de Claggart y contrajo secamente las comisuras de su boca bien formada. Todo el mundo tomó su observación por una broma y, viniendo como venía de un superior, se sintió obligado a reír «con fingida alegría»; Billy, divertido tal vez por la alusión al marinero bonito, se rió también de buena gana, se volvió hacia sus compañeros y exclamó: