Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero La tarde siguiente lo observó en la primera guardia de cuartillo: era uno de los que fumaban a proa, en la parte de la cubierta superior de cañones donde se podía fumar en pipa. Lo reconoció por su apariencia y su complexión generales más que por su rostro redondo y pecoso o sus ojos vidriosos de color azul pálido, velados por unas pestañas casi blancas. Aun así a Billy le quedó la duda de si habría sido de verdad aquel muchacho, más o menos de su edad, que charlaba y se reía tan tranquilo apoyado en un cañón; un joven alegre, que a juzgar por las apariencias parecía bastante cabeza hueca y estaba un poco rollizo para ser marinero, aunque fuese un guardia de popa. El último hombre del mundo, en suma, que uno creería abrumado por sus pensamientos, sobre todo por esos pensamientos tan peligrosos que por fuerza debe tener un conspirador comprometido en cualquier aventura arriesgada, aunque su papel en ella sea solo secundario.