Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero En cuanto el capitán vio quién era el que esperaba con tanta deferencia adoptó una expresión peculiar no muy distinta de la que cruza inevitablemente el semblante de quien se encuentra por sorpresa con alguien a quien conoce pero no lo suficiente y que tiene un no sé qué que le causa una vaga aversión. No obstante, se detuvo, hizo gala de sus modales de oficial y preguntó con un deje de impaciencia en la voz:
—¿Y bien? ¿Qué ocurre, maestro de armas?
Con el aire de un subordinado abrumado por la necesidad de comunicar una mala noticia, aunque claramente decidido a ser franco y no exagerar, Claggart, al oÃr la invitación, o más bien la orden de explicarse, tomó la palabra. Lo que dijo, con el lenguaje de alguien no carente de educación, se puede resumir asÃ, aunque no dijera exactamente estas palabras: que, durante la persecución y los preparativos para el posible encuentro, habÃa visto lo suficiente para convencerse de que habÃa a bordo al menos un marinero peligroso en un barco en cuya tripulación no solo habÃa varios que habÃan participado en los últimos levantamientos, sino otros que, como el hombre en cuestión, no habÃan entrado al servicio de su majestad alistándose.
En ese momento, el capitán Vere lo interrumpió con impaciencia:
—Sed más directo; decid sin reparo que se trata de marineros reclutados a la fuerza.