Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Calmado de nuevo, aunque sólo calmado en una desolación más profunda, Ajab, que se habÃa alejado de la ballena, estaba sentado viendo sus últimos estertores desde la lancha, ahora tranquila. Pues ese extraño espectáculo que puede observarse en todos los cachalotes agonizantes… el giro hacia el sol de la cabeza, y el expirar entonces… ese extraño espectáculo, observado en tarde tan plácida, de algún modo transmitió a Ajab una prodigiosidad anteriormente desconocida.
«Se vuelve y se vuelve hacia el sol… con qué lentitud, mas con qué tenacidad, su frente que invoca y que rinde homenaje con sus últimos agonizantes movimientos. También él rinde culto al fuego; ¡muy fiel, franco, noble vasallo del sol!… Ah, que estos harto indulgentes ojos vean esas harto indulgentes imágenes. ¡Observad! AquÃ, atrapado en aguas lejanas; más allá del murmullo de la humana buena y mala fortuna; en estos mares tan espontáneos e imparciales; donde no hay roca que a las tradiciones proporcione tablas en las que escribir; donde durante largas eras chinas las olas han seguido ondeando sin decir palabra y sin que les hablaran, como las estrellas que brillan sobre las fuentes desconocidas del NÃger; aquà también la vida muere en dirección al sol, llena de fe. ¡Mas observad! En cuanto ha muerto, entonces la muerte gira el cuerpo en redondo, y apunta hacia otro lugar…